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Weingut Tesch lleva once generaciones arraigada en Langenlonsheim, en el Nahe, y desde que Martin Tesch —doctor en microbiología— tomó las riendas en 1996; en 2014 abandonó el VDP, sin herbicidas, insecticidas ni abonos minerales, y con vendimia manual, sin recurrir a ninguna certificación externa. El Laubenheimer Karthäuser es una Einzellage en Laubenheim cuyo nombre recuerda a los monjes cartujos que la cultivaron en la Edad Media; sus suelos de arenisca roja meteorizada del Rotliegendes —formación del Pérmico— conforman un anfiteatro orientado al suroeste donde crecen viñas de hasta cincuenta años.
El 2023 es un Riesling trocken fermentado durante unos cuarenta días en acero inoxidable con levaduras autóctonas, sin paso por roble ni fermentación maloláctica, y embotellado con cierre de rosca. Con un 13,0% de alcohol y 5,3 g/L de azúcar residual, resulta más maduro y con más cuerpo que el 2022 —un año de sequía que se quedó en el 11,5%—, y expresa el carácter típico del Rotliegendes: ahumado pronunciado, pomelo, hierbas silvestres y una mineralidad especiada más intensa que la de parcelas sobre loess.
Identificación
El Karthäuser 2023 es un vino blanco elaborado por la bodega Weingut Tesch. Se produce en Alemania, en Laubenheim, en la región del Nahe. Es 100% Riesling, de viñas de hasta cincuenta años.
Procedencia y elaboración
La viña Laubenheimer Karthäuser es una Einzellage con suelos de arenisca roja meteorizada del Rotliegendes, en un anfiteatro orientado al suroeste. La bodega, dirigida por Martin Tesch desde 1996, trabaja fuera de la asociación VDP, sin herbicidas ni abonos minerales, y mediante vendimia manual.
La vinificación del 2023 se realiza en modo trocken. La fermentación dura unos cuarenta días en acero inoxidable utilizando levaduras autóctonas, sin paso por roble y sin fermentación maloláctica. El vino se embotella con cierre de rosca, alcanzando un 13,0% de alcohol y 5,3 g/L de azúcar residual.
Perfil y notas
Esta añada presenta un carácter más maduro y con mayor cuerpo que el 2022. Destaca por expresar el perfil típico de la formación geológica del Rotliegendes: un ahumado pronunciado combinado con notas de pomelo y hierbas silvestres. Ofrece una mineralidad especiada más intensa que la que se encuentra en parcelas situadas sobre loess.
Valoraciones de críticos
La añada ha sido puntuada de la siguiente manera: 97 puntos por James Suckling, 95 por Wine Advocate, 17/20 por Jancis Robinson y 92+/A por The Fine Wine Review.
Cierre
Se trata de un Riesling de gran estructura y mineralidad, que refleja la influencia de su suelo de arenisca roja del Pérmico y una elaboración sin madera ni fermentación maloláctica.
La finca que hoy es Weingut Tesch pertenece a la familia desde 1723, cuando Johannes Matthess figura como primer viticultor, y once generaciones después sigue en Langenlonsheim, a orillas del Nahe. El giro llega en 1996, cuando Martin Tesch —doctor en microbiología— releva a su padre Helmut y hereda algo más de 30 hectáreas y un catálogo convencional, con varias variedades y todos los grados de dulzor.
Lo que hizo después fue restar. En 2002 reordenó la bodega por completo: eliminó los vinos dulces, redujo la gama a tres variedades —Riesling, Spätburgunder y Weißburgunder— y once vinos, todos secos, y encogió el viñedo hasta las 20 hectáreas actuales, 17 de ellas de Riesling. Doce años más tarde dio el segundo paso: en mayo de 2014 abandonó el VDP, la asociación de la élite vinícola alemana. El comunicado oficial zanjó que los objetivos del VDP y los de la bodega se habían separado demasiado.
Trabaja cinco Einzellagen de suelos deliberadamente contrastados: Löhrer Berg sobre arcillas húmedas y gravas fluviales, Krone entre loess calcáreo y arenisca meteorizada, Königsschild con fósiles de concha en creta y loess eólico, Karthäuser sobre arenisca meteorizada rica en hierro y St. Remigiusberg sobre suelos volcánicos. Cada parcela se embotella por separado, siempre en seco, para que la diferencia que se prueba sea la del suelo y no la del método: fermentación en pequeños depósitos de acero, sin roble, maloláctica espontánea, sin chaptalizar y cierre de rosca desde 2005.
De ahí sale el nombre que le hizo conocido. «Riesling Unplugged» es, en sus palabras, como las sesiones de música desenchufadas: sin amplificación. La analogía dejó de ser metáfora en 2008, cuando envió unas botellas de ese vino a Die Toten Hosen. A la banda punk le gustó lo suficiente como para presentarse en la bodega y acabar haciendo el suyo: se ven cada año en el viñedo para elegir las partidas, y el resultado se llama Weißes Rauschen —por una canción de su disco «Zurück zum Glück»— y lleva el águila del grupo en la etiqueta. No fue el primero: antes hubo un Machmalriesling.
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