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Weingut Tesch lleva once generaciones enraizada en Langenlonsheim, en el corazón del Nahe, y desde que Martin Tesch —doctor en microbiología— tomó las riendas en 1996, la finca sigue un camino propio: fuera del VDP, que abandonó en 2014, sin herbicidas, sin insecticidas ni abonos minerales, con vendimia enteramente manual y sin certificaciones externas. Unplugged es el ensamblaje de múltiples parcelas de la finca, situado en la segunda gama —por encima del vino de entrada «T» y por debajo de los cinco rieslings de viñedo individual—, y Tesch lo define con precisión como «markant und supertrocken»: marcado y súper seco.
La añada 2023 fermenta en seco (trocken) y alcanza 12,5% de alcohol, la graduación más contenida de toda la gama. La acidez tensa y mineral característica del Nahe aporta estructura y frescura.
Ficha del Vino: Unplugged 2023
Estas valoraciones indican que el vino es apreciado tanto por su equilibrio como por sus matices aromáticos y gustativos.
Descripción generada por IA con conocimiento WSET. Solo orientativa.
La finca que hoy es Weingut Tesch pertenece a la familia desde 1723, cuando Johannes Matthess figura como primer viticultor, y once generaciones después sigue en Langenlonsheim, a orillas del Nahe. El giro llega en 1996, cuando Martin Tesch —doctor en microbiología— releva a su padre Helmut y hereda algo más de 30 hectáreas y un catálogo convencional, con varias variedades y todos los grados de dulzor.
Lo que hizo después fue restar. En 2002 reordenó la bodega por completo: eliminó los vinos dulces, redujo la gama a tres variedades —Riesling, Spätburgunder y Weißburgunder— y once vinos, todos secos, y encogió el viñedo hasta las 20 hectáreas actuales, 17 de ellas de Riesling. Doce años más tarde dio el segundo paso: en mayo de 2014 abandonó el VDP, la asociación de la élite vinícola alemana. El comunicado oficial zanjó que los objetivos del VDP y los de la bodega se habían separado demasiado.
Trabaja cinco Einzellagen de suelos deliberadamente contrastados: Löhrer Berg sobre arcillas húmedas y gravas fluviales, Krone entre loess calcáreo y arenisca meteorizada, Königsschild con fósiles de concha en creta y loess eólico, Karthäuser sobre arenisca meteorizada rica en hierro y St. Remigiusberg sobre suelos volcánicos. Cada parcela se embotella por separado, siempre en seco, para que la diferencia que se prueba sea la del suelo y no la del método: fermentación en pequeños depósitos de acero, sin roble, maloláctica espontánea, sin chaptalizar y cierre de rosca desde 2005.
De ahí sale el nombre que le hizo conocido. «Riesling Unplugged» es, en sus palabras, como las sesiones de música desenchufadas: sin amplificación. La analogía dejó de ser metáfora en 2008, cuando envió unas botellas de ese vino a Die Toten Hosen. A la banda punk le gustó lo suficiente como para presentarse en la bodega y acabar haciendo el suyo: se ven cada año en el viñedo para elegir las partidas, y el resultado se llama Weißes Rauschen —por una canción de su disco «Zurück zum Glück»— y lleva el águila del grupo en la etiqueta. No fue el primero: antes hubo un Machmalriesling.
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