Envios en Península y Baleares gratuitos a partir de 90€ | 48-72h
Viñedos de la comarca de la Vereda del Cerro Macho, repartidos por los parajes de Riofrío Alto y Benavente Alto con viñas en vaso de entre 40 y 80 años y suelo de albariza, una marga de estructura grumosa y muy calcárea. 90% Pedro Ximénez y 10% otras variedades autóctonas minoritarias.
Fermentación de un 80% en depósitos en acero inoxidable y el 20% restante en botas, que tras el deslío se ensamblan en un único depósito. Crianza de 6 meses sobre lías finas hasta el embotellado.
Identificación del vino
La Vereda 2024 es un vino blanco elaborado por la bodega Miguel Castro Maíllo, ubicado en la Denominación de Origen Montilla-Moriles, dentro de la región de Andalucía, España.
Procedencia y elaboración
El viñedo se sitúa en la comarca de la Vereda del Cerro Macho, abarcando los parajes de Riofrío Alto y Benavente Alto. Las viñas, de entre 40 y 80 años de antigüedad, están formados en vaso y crecen sobre suelos de albariza, descritos como una marga de estructura grumosa y muy calcárea. La composición de la uva es un 90% Pedro Ximénez y un 10% de otras variedades autóctonas minoritarias.
El proceso de vinificación combina métodos tradicionales y modernos: el 80% de la uva se fermenta en depósitos de acero inoxidable y el 20% restante en botas. Tras el deslío, los vinos se ensamblan en un único depósito. El vino finaliza su crianza durante 6 meses sobre lías finas antes de su embotellado.
Perfil y características
Se trata de un vino blanco joven que se beneficia de una crianza sobre lías finas, lo que aporta cuerpo y complejidad. La presencia de albariza en el suelo y la edad de las vides confieren al vino una base mineral y estructural característica de la zona de Montilla-Moriles.
Descripción generada por IA con conocimiento WSET. Solo orientativa.
Miguel Castro Maíllo creció entre viñas en la Sierra de Montilla pero eligió estudiar Enología en Cádiz y formarse en el Marco de Jerez antes de volver al terruño familiar. Su proyecto arranca en 2018 con una idea sencilla y radical: demostrar que el Pedro Ximénez, variedad emblemática de Montilla-Moriles reducida durante décadas a la pasa y el vino dulce, puede producir blancos secos de precisión y larga vida.
El escenario es el Cerro Macho, una cresta que divide la Sierra de Montilla en dos vertientes de albariza —esa caliza blanca, porosa y refrescante que atesora la humedad invernal y la libera lentamente en verano—. Al este, Riofrío Alto, en sombra por las tardes: vinos más tensos, salinos, de acidez marcada. Al oeste, Benavente Alto, abierta al sol: perfil más amplio y vinoso. Cada parcela fermenta y envejece por separado en barricas viejas de fino, sobre sus lías y bajo velo de flor, hasta la vendimia siguiente. Las vides tienen entre cincuenta y sesenta años y se podan en ojo y coíllo, la poda tradicional de la zona: el ojo es la yema productora del año, el coíllo el pitón que dará el sarmiento del siguiente.
El resultado son vinos blancos sin ningún parecido con el dulce de exportación: tensos, minerales, con una textura de lías y una salinidad que hablan del mar interior que fue Andalucía. Producción pequeña, muy pequeña.
Ver todos los vinos de Miguel Castro Maíllo →