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Viñedos de la comarca de la Veredadel Cerro Macho, repartidos por los parajes de Riofrío Alto y Benavente Alto con viñas en vaso de entre 40 y 80 años y suelo de albariza, una marga de estructura grumosa y muy calcárea. 90% Pedro Ximénez y 10% otras variedades autóctonas minoritarias.
Fermentación de un 80% en depósitos en acero inoxidable y el 20% restante en botas, que tras el deslío se ensamblan en un único depósito. Crianza de 6 meses sobre lías finas hasta el embotellado.
Ficha del Vino: La Vereda 2024 | Miguel Castro Maíllo | Montilla Moriles
Identificación del vino
Procedencia y elaboración
El vino proviene de viñedos en la comarca del Cerro Macho, específicamente los parajes de Riofrío Alto y Benavente Alto. Las cepas son Pedro Ximénez con un 90% y otras variedades autóctonas minoritarias que representan el 10%. Las viñas tienen entre 40 y 80 años y crecen en suelo albariza, una marga calcárea de estructura grumosa. La fermentación se realiza con un 80% en depósitos de acero inoxidable y el 20% restante en botas de roble. El vino pasa por una crianza de seis meses sobre lías finas antes del embotellado.
Perfil esperado o notas descriptivas
El La Vereda 2024 es un vino con cuerpo medio, que refleja la complejidad y carácter distintivo de las variedades Pedro Ximénez y otras autóctonas. Presenta aromas a frutas secas como pasas y ciruelas, acompañados de notas de miel y especias dulces. En boca es equilibrado con una acidez que proporciona frescura y un final largo y sabroso.
Puntuaciones y comentarios de críticos
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Cierre breve
El La Vereda 2024 es un vino complejo y equilibrado que destaca por su personalidad única, combinando la dulzura característica de las variedades Pedro Ximénez con notas especiadas y frutas secas.
Descripción generada por IA con conocimiento WSET. Solo orientativa.
Miguel Castro Maíllo creció entre viñas en la Sierra de Montilla pero eligió estudiar Enología en Cádiz y formarse en el Marco de Jerez antes de volver al terruño familiar. Su proyecto arranca en 2018 con una idea sencilla y radical: demostrar que el Pedro Ximénez, variedad emblemática de Montilla-Moriles reducida durante décadas a la pasa y el vino dulce, puede producir blancos secos de precisión y larga vida.
El escenario es el Cerro Macho, una cresta que divide la Sierra de Montilla en dos vertientes de albariza —esa caliza blanca, porosa y refrescante que atesora la humedad invernal y la libera lentamente en verano—. Al este, Riofrío Alto, en sombra por las tardes: vinos más tensos, salinos, de acidez marcada. Al oeste, Benavente Alto, abierta al sol: perfil más amplio y vinoso. Cada parcela fermenta y envejece por separado en barricas viejas de fino, sobre sus lías y bajo velo de flor, hasta la vendimia siguiente. Las vides tienen entre cincuenta y sesenta años y se podan en ojo y coíllo, la poda tradicional de la zona: el ojo es la yema productora del año, el coíllo el pitón que dará el sarmiento del siguiente.
El resultado son vinos blancos sin ningún parecido con el dulce de exportación: tensos, minerales, con una textura de lías y una salinidad que hablan del mar interior que fue Andalucía. Producción pequeña, muy pequeña.