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Forjas del Salnés, DO Rías Baixas (Finca Genoveva, Barro). Viñedo centenario de cepas sin injertar sobre suelo de granito. 100% Albariño.
Fermentación espontánea en fudre de roble sin control de temperatura. La crianza se lleva a cabo durante 12 meses en fudres de roble francés de quinta y séptima generación con sus lías.
Producción: 5000 botellas
Leirana Genoveva 2024
Bodega Forjas del Salnés produce este Albariño bajo la denominación de origen Rías Baixas, en el municipio de Barro, Galicia. La uva procede de la Finca Genoveva, un viñedo centenario donde el 80% de las cepas superan los 180 años de edad, situadas sobre suelo de granito. El vino es de producción limitada, con una producción de 5.000 botellas.
Su elaboración destaca por un proceso natural y tradicional. Se realiza una fermentación espontánea en fudres de roble sin control de temperatura. Posteriormente, el vino reposa durante doce meses en contacto con sus lías dentro de fudres de roble francés de quinta y séptima generación.
La combinación de un viñedo de gran antigüedad, suelo granítico y una crianza larga en roble francés sugiere un perfil con estructura y profundidad, alejado de la fruta joven inmediata.
Se trata de una expresión de la variedad Albariño de Barro, donde la edad de la vid y el método de crianza en fudres grandes marcan la identidad del vino.
Descripción generada por IA con conocimiento WSET. Solo orientativa.
En los años setenta el Val do Salnés arrancaba sus tintas viejas. El albariño era más productivo y estaba de moda, y las variedades de la casa —caíño, espadeiro, loureiro— estorbaban. Francisco Méndez, herrero de Meaño, hizo lo contrario: hacia 1980 las plantó, contra el consejo de todos. Ocho años después figuraba entre quienes sacaron adelante la denominación Rías Baixas.
Aquel oficio acabó nombrando dos bodegas. A la familia se la conocía en el pueblo por el herrero —ferreiro en gallego—, y de ahí salen tanto la casa del hijo, Gerardo Méndez, llamada Do Ferreiro, como la del nieto: Forjas del Salnés.
Ese nieto es Rodrigo Méndez, quinta generación, que entró en el viñedo a los doce años de la mano de su abuelo y montó bodega propia en un garaje en 2005. Se empeñó en algo que en Rías Baixas no se hacía: elaborar tintos en una región definida por sus blancos. Buscó a Raúl Pérez para conseguirlo, que sigue asesorando la casa, y las cepas que su abuelo había plantado contra corriente resultaron ser la materia prima. Los tintos salen bajo el nombre Goliardo, con caíño tinto, loureiro, sousón y espadeiro.
Son doce hectáreas entre Meaño, Sanxenxo y Barro, sobre granito y arena, en ecológico. El método mira hacia atrás a propósito: levaduras del propio viñedo, azufre al mínimo, pisado con los pies, maceración pelicular también en los blancos y crianzas en fudres grandes y en castaño, formatos anteriores a la barrica bordelesa.
En Barro está la Finca Genoveva, con albariño y caíño tinto de unos ciento ochenta años sobre granito. De ahí sale un blanco de parcela: fermentación espontánea en fudre sin control de temperatura y doce meses sobre sus lías en fudres de quinta y séptima generación. Cinco mil botellas. El Leirana, ensamblado de varios pagos con cepas de cuarenta a setenta años, pasa ocho meses sobre lías sin remoción y sin maloláctica.
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