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Forjas del Salnés, DO Rías Baixas (Finca Genoveva, Barro). Parcela de viñedo muy antiguo plantada en vaso en granito arenoso con arcilla, en el municipio de Barro; orientación sur/suroeste, a escasa altitud. 100% Caíño Tinto.
Fermentación con racimo entero en tinas de castaño antiguas con levaduras silvestres. Crianza de 24 meses en roble francés. Sin filtrar. 2.000 botellas.
Finca Genoveva Caíño 2022 de Forjas del Salnés es un vino tinto de la Denominación de Origen Rías Baixas, en la región gallega de España. La añada procede de una parcela de viñedo muy antiguo situada en el municipio de Barro, en la Finca Genoveva. El viñedo está plantado en vaso sobre un sustrato de granito arenoso con arcilla, orientado al sur y suroeste a escasa altitud. La uva utilizada es 100% Caíño Tinto.
En la bodega, el proceso de vinificación destaca por una fermentación con racimo entero en antiguas tinas de castaño, utilizando levaduras silvestres. Tras la fermentación, el vino experimenta una crianza de 24 meses en roble francés. El producto final se elabora sin filtrar, con una producción limitada de 2.000 botellas.
Esta elaboración ha recibido la atención de críticos internacionales. The Wine Advocate ha puntuado el vino con 98 puntos, mientras que James Suckling le ha otorgado 97 puntos.
El vino se presenta como una expresión de un terroir específico de Rías Baixas, combinando técnicas tradicionales como el uso de madera de castaño y levaduras autóctonas con una crianza prolongada en roble francés. La combinación de la uva Caíño Tinto, la parcela antigua y el proceso de elaboración define su carácter, resultando en un vino de alta calidad y producción restringida.
Descripción generada por IA con conocimiento WSET. Solo orientativa.
En los años setenta el Val do Salnés arrancaba sus tintas viejas. El albariño era más productivo y estaba de moda, y las variedades de la casa —caíño, espadeiro, loureiro— estorbaban. Francisco Méndez, herrero de Meaño, hizo lo contrario: hacia 1980 las plantó, contra el consejo de todos. Ocho años después figuraba entre quienes sacaron adelante la denominación Rías Baixas.
Aquel oficio acabó nombrando dos bodegas. A la familia se la conocía en el pueblo por el herrero —ferreiro en gallego—, y de ahí salen tanto la casa del hijo, Gerardo Méndez, llamada Do Ferreiro, como la del nieto: Forjas del Salnés.
Ese nieto es Rodrigo Méndez, quinta generación, que entró en el viñedo a los doce años de la mano de su abuelo y montó bodega propia en un garaje en 2005. Se empeñó en algo que en Rías Baixas no se hacía: elaborar tintos en una región definida por sus blancos. Buscó a Raúl Pérez para conseguirlo, que sigue asesorando la casa, y las cepas que su abuelo había plantado contra corriente resultaron ser la materia prima. Los tintos salen bajo el nombre Goliardo, con caíño tinto, loureiro, sousón y espadeiro.
Son doce hectáreas entre Meaño, Sanxenxo y Barro, sobre granito y arena, en ecológico. El método mira hacia atrás a propósito: levaduras del propio viñedo, azufre al mínimo, pisado con los pies, maceración pelicular también en los blancos y crianzas en fudres grandes y en castaño, formatos anteriores a la barrica bordelesa.
En Barro está la Finca Genoveva, con albariño y caíño tinto de unos ciento ochenta años sobre granito. De ahí sale un blanco de parcela: fermentación espontánea en fudre sin control de temperatura y doce meses sobre sus lías en fudres de quinta y séptima generación. Cinco mil botellas. El Leirana, ensamblado de varios pagos con cepas de cuarenta a setenta años, pasa ocho meses sobre lías sin remoción y sin maloláctica.
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