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Viñedo centenario (80% más de 180 años) con suelo de granito. 100% Albariño.
Fermentación espontánea en fudre de roble sin control de temperatura. La crianza se lleva a cabo durante 12 meses en fudres de roble francés de quinta y séptima generación con sus lías.
Producción: 5000 botellas
Leirana Genoveva
El vino se elabora en viñedos centenarios con un 80% de las cepas superando los 180 años. La fermentación es espontánea y se realiza en fudres de roble sin control de temperatura. Posteriormente, el vino pasa por una crianza de 12 meses en barricas de roble francés de quinta y séptima generación con sus lías.
Este vino presenta notas acentuadas de fruta blanda y cítricos, junto con toques minerales que reflejan el carácter del suelo granítico. Su estructura es equilibrada, con un paso en boca fresca y una textura sedosa.
Aunque no se proporcionan puntuaciones ni comentarios de críticos, este vino destaca por su elaboración meticulosa y su crianza prolongada que le confiere complejidad y riqueza aromática. Su precio actual es de 34,90 € en formato estándar.
En resumen, Leirana Genoveva es un vino blanco elegante y expresivo, con una personalidad distintiva que refleja el carácter del viñedo centenario y la influencia del clima atlántico.
Descripción generada por IA con conocimiento WSET. Solo orientativa.
En los años setenta el Val do Salnés arrancaba sus tintas viejas. El albariño era más productivo y estaba de moda, y las variedades de la casa —caíño, espadeiro, loureiro— estorbaban. Francisco Méndez, herrero de Meaño, hizo lo contrario: hacia 1980 las plantó, contra el consejo de todos. Ocho años después figuraba entre quienes sacaron adelante la denominación Rías Baixas.
Aquel oficio acabó nombrando dos bodegas. A la familia se la conocía en el pueblo por el herrero —ferreiro en gallego—, y de ahí salen tanto la casa del hijo, Gerardo Méndez, llamada Do Ferreiro, como la del nieto: Forjas do Salnés.
Ese nieto es Rodrigo Méndez, quinta generación, que entró en el viñedo a los doce años de la mano de su abuelo y montó bodega propia en un garaje en 2005. Se empeñó en algo que en Rías Baixas no se hacía: elaborar tintos en una región definida por sus blancos. Buscó a Raúl Pérez para conseguirlo, que sigue asesorando la casa, y las cepas que su abuelo había plantado contra corriente resultaron ser la materia prima. Los tintos salen bajo el nombre Goliardo, con caíño tinto, loureiro, sousón y espadeiro.
Son doce hectáreas entre Meaño, Sanxenxo y Barro, sobre granito y arena, en ecológico. El método mira hacia atrás a propósito: levaduras del propio viñedo, azufre al mínimo, pisado con los pies, maceración pelicular también en los blancos y crianzas en fudres grandes y en castaño, formatos anteriores a la barrica bordelesa.
En Barro está la Finca Genoveva, con albariño y caíño tinto de unos ciento ochenta años sobre granito. De ahí sale un blanco de parcela: fermentación espontánea en fudre sin control de temperatura y doce meses sobre sus lías en fudres de quinta y séptima generación. Cinco mil botellas. El Leirana, ensamblado de varios pagos con cepas de cuarenta a setenta años, pasa ocho meses sobre lías sin remoción y sin maloláctica.
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