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Weingut Tesch, Nahe (Langenlonsheim). Once generaciones de historia familiar; Martin Tesch al frente desde 2001-2002. Sin herbicidas, insecticidas ni abonos minerales; vendimia manual. Sin afiliación al VDP ni certificación ecológica. Laubenheimer Karthäuser: Einzellage en Laubenheim sobre arenisca roja del Rotliegendes pérmico meteorizada, anfiteatro orientado al suroeste; viñas de hasta 50 años. 100% Riesling.
FA de 40 días a 12-15 ºC en acero inoxidable con levaduras silvestres. Sin roble ni FML. Breve reposo sobre lías antes del embotellado bajo tapón de rosca. Sin chapitalización en 2022: 11,5% vol., azúcar residual 5,1 g/l.
Karthäuser
Bodega: Tesch
Año: 2022
País: Alemania
Región: VDP Mosel-Saar-Ruwer
Este vino es un Riesling elaborado por la bodega Tesch en el valle del Mosela, una de las regiones más prestigiosas para este varietal. Aunque no se proporcionan detalles específicos sobre su viñedo o clima, el Riesling de esta zona suele ofrecer un equilibrio entre acidez y dulzor natural que lo caracteriza.
La descripción del vino es escasa en información descriptiva directa, pero los críticos Parker y James Suckling han otorgado calificaciones altas: 93 para Parker y 95 para Suckling. Estos reconocimientos sugieren un vino de alta calidad que destaca por su frescura, acidez vibrante y notas cítricas típicas del Riesling.
Características Generales:
Este Karthäuser de Tesch es un vino fresco y elegante, con notas cítricas que reflejan la calidad del Riesling del Mosela.
Descripción generada por IA con conocimiento WSET. Solo orientativa.
La finca que hoy es Weingut Tesch pertenece a la familia desde 1723, cuando Johannes Matthess figura como primer viticultor, y once generaciones después sigue en Langenlonsheim, a orillas del Nahe. El giro llega en 1996, cuando Martin Tesch —doctor en microbiología— releva a su padre Helmut y hereda algo más de 30 hectáreas y un catálogo convencional, con varias variedades y todos los grados de dulzor.
Lo que hizo después fue restar. En 2002 reordenó la bodega por completo: eliminó los vinos dulces, redujo la gama a tres variedades —Riesling, Spätburgunder y Weißburgunder— y once vinos, todos secos, y encogió el viñedo hasta las 20 hectáreas actuales, 17 de ellas de Riesling. Doce años más tarde dio el segundo paso: en mayo de 2014 abandonó el VDP, la asociación de la élite vinícola alemana. El comunicado oficial zanjó que los objetivos del VDP y los de la bodega se habían separado demasiado.
Trabaja cinco Einzellagen de suelos deliberadamente contrastados: Löhrer Berg sobre arcillas húmedas y gravas fluviales, Krone entre loess calcáreo y arenisca meteorizada, Königsschild con fósiles de concha en creta y loess eólico, Karthäuser sobre arenisca meteorizada rica en hierro y St. Remigiusberg sobre suelos volcánicos. Cada parcela se embotella por separado, siempre en seco, para que la diferencia que se prueba sea la del suelo y no la del método: fermentación en pequeños depósitos de acero, sin roble, maloláctica espontánea, sin chaptalizar y cierre de rosca desde 2005.
De ahí sale el nombre que le hizo conocido. «Riesling Unplugged» es, en sus palabras, como las sesiones de música desenchufadas: sin amplificación. La analogía dejó de ser metáfora en 2008, cuando envió unas botellas de ese vino a Die Toten Hosen. A la banda punk le gustó lo suficiente como para presentarse en la bodega y acabar haciendo el suyo: se ven cada año en el viñedo para elegir las partidas, y el resultado se llama Weißes Rauschen —por una canción de su disco «Zurück zum Glück»— y lleva el águila del grupo en la etiqueta. No fue el primero: antes hubo un Machmalriesling.
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