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Bruma Agrícola nació en 2019 de la mano del arquitecto León Benacerraf y Begoña Díaz-Ugorri en Cebreros, Ávila, aunque el trabajo de recuperación de viñedos arrancó hacia 2017 con una vocación clara: custodiar el patrimonio vitícola centenario de esta comarca serrana. El proyecto se asienta sobre unas cinco hectáreas de Garnacha vieja en la zona de Valverde, a cerca de 950 metros de altitud. Arroyo del Común es la cuvée de ensamblaje de la bodega, elaborada a partir de varias parcelas —Valverde y Cordel—, frente a El Arenero, su vino parcelario hermano, restringido a las 1,3 hectáreas de Valverde.
Las vides, de más de ochenta años y conducidas en vaso, arraigan en suelos de arena granítica pobre y bien drenada bajo un régimen de secano estricto; la vendimia es íntegramente manual, con selección parcela a parcela. En bodega, una pequeña proporción de racimo entero aporta frescura y estructura al resto de uva despalillada, y la crianza transcurre en foudres de roble de segunda mano y depósitos de hormigón. La producción se limita a cerca de 1.000 botellas, y la añada 2023 ha obtenido 93 puntos de Tim Atkin.
Ficha del Vino: Arroyo del Común
Este vino destaca por su potencial y complejidad, siendo un ejemplo representativo del terroir Cebreros.
Descripción generada por IA con conocimiento WSET. Solo orientativa.
Bruma Agrícola nació en 2017 cuando el arquitecto León Benacerraf y Begoña Díaz-Ugorri comenzaron a recuperar viñas abandonadas en Cebreros, uno de los municipios de la DOP más joven de España —constituida ese mismo año— enclavado en las estribaciones de la Sierra de Gredos, en el sureste de Ávila. La enóloga Bárbara Requejo se incorporó como responsable de viñedo y bodega para completar un equipo pequeño con un objetivo claro: custodiar un patrimonio vitícola centenario que corría el riesgo de desaparecer.
Las viñas de Bruma crecen a unos 950 metros de altitud, en suelos de arena granítica pobre y bien drenada que obligan a las cepas a desarrollar raíces profundas. La parcela principal es el paraje de Valverde, con unas cinco hectáreas de garnacha tinta de más de 80 años en vaso y secano; junto a ella, 1,2 hectáreas de albillo real en el paraje del Cordel. El Arenero es la subparcela más extrema del proyecto: 1,3 hectáreas de garnacha vieja en condiciones especialmente austeras, con una producción de en torno a 1.000 botellas por cosecha.
La vendimia es manual, parcelario a parcelario, con selección rigurosa en campo. Las garnachas fermentan con un pequeño porcentaje de racimo entero para ganar frescura y estructura, y maduran en foudres de madera de segundo uso y depósitos de hormigón. El Arenero pasa diez meses en barrica francesa de segundo uso (225 y 300 litros), tiempo justo para añadir matiz sin eclipsar la variedad ni el terruño. El Milagro es el albillo real de las viñas viejas del Cordel: fresco, floral y de notable longitud. La Guía Peñín otorgó 93 puntos al El Arenero 2023.