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Martín Crusat, biólogo, y Patricia Elola, ambientalista, cultivan 2,5 ha en Goián, parroquia del municipio de Tomiño en la subzona de O Rosal, junto a la frontera portuguesa. O Acordo —"el acuerdo" en gallego— es el pacto entre Albariño (~66%, viñas de 30 años) y Sousón (~33%), sobre suelos de arcilla y esquisto. En 2020 abandonaron voluntariamente la DO Rías Baixas para trabajar sin las restricciones de la denominación.
Prensa en racimo entero sin maceración, cofermentación en acero inoxidable con levaduras indígenas, sin SO₂ añadido, cinco meses sobre lías con bâtonnage, sin clarificación ni filtración. El resultado es un vino muy pálido, seco al 11% de alcohol con leve CO₂ residual, una expresión singular que transita entre el blanco y el rosado.
Ficha del vino: O Acordo
Puedes encontrar más información sobre este vino en la página web oficial del productor: [O Acordo](https://vinaris.es/es/rias-baixas/436-o-acordo-2022-adega-do-vimbio.html).
Descripción generada por IA con conocimiento WSET. Solo orientativa.
Adega do Vimbio lleva el nombre del mimbre —vimbio en gallego—, las ramas de sauce con las que los viticultores de O Rosal ataban sus cepas antes de que existiera el alambre. El nombre es una declaración de intenciones: hacer viticultura de antes de la industrialización, en uno de los suelos más singulares de Rías Baixas.
La historia comienza en 1985, cuando el padre de Martín, Venancio Crusat, compra una propiedad en Goián y planta la primera hectárea de Albariño, antes de que existiera la denominación. Martín, biólogo, y Patricia Elola, licenciada en ciencias ambientales, llevaban una década fuera —tres años en Vietnam, luego en Ámsterdam— cuando la enfermedad del padre les hace volver en 2012. Construyeron la bodega ellos mismos entre sus tres parcelas y elaboraron su primera cosecha ese mismo año.
Las 2,5 hectáreas están en el extremo sur de Galicia, a orillas del Miño frente a Portugal. Mientras O Rosal descansa mayoritariamente sobre granito, las parcelas de Vimbio tienen pizarra —una anomalía geológica que se traduce en una tensión mineral y una salinidad poco habituales en la subzona—. Las cepas de entre 30 y 40 años de Albariño, Caiño Blanco y Loureiro se trabajan sin herbicidas, con algas atlánticas como abono y preparados biodinámicos de flora local. La producción máxima autoimpuesta es de 5.000 kg por hectárea, la mitad de lo que permite la DO. En 2020 decidieron salir de la denominación Rías Baixas para ganar libertad en el trabajo con variedades autóctonas y métodos propios.
En bodega la filosofía es de mínima intervención: fermentaciones con levaduras autóctonas, sin control de temperatura, sin clarificantes, sin filtración. El sulfuroso se minimiza y en varios vinos es nulo. El resultado es una gama que va del Vimbio —mezcla de las tres variedades blancas— hasta el Landra, un Caiño Blanco con Albariño criado en barrica francesa usada del que se producen alrededor de 260 botellas. El Luis Gutiérrez de Wine Advocate calificó la totalidad de sus vinos con 90 puntos o más.