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Château Mayne-Vieil

La propiedad se rastrea hasta el siglo XVI a través de tres familias. Los de Paty, escuderos y señores de Mayne-Vieil, levantaron las grandes cavas en el siglo XVII. Los Fontemoing plantaron después un viñedo con el que Fronsac pretendía competir con Saint-Émilion. Y los Sèze, dueños desde hace un siglo, restauraron y ampliaron la finca después de la Primera Guerra Mundial.

El viñedo son cuarenta y siete hectáreas en un solo bloque, treinta y dos de ellas dentro de la denominación Fronsac. Está plantado con un 70% de merlot y un 30% de cabernet franc.

Ese detalle de la parcela única no es menor. En Burdeos lo normal es que una propiedad sea un bloque continuo, mientras que en Borgoña o Alsacia esa misma superficie estaría troceada en decenas de parcelas repartidas por varios pueblos. Son dos maneras distintas de haber heredado la tierra.

La crianza también se sale de lo previsible: el 85% del vino pasa por depósito de hormigón y solo el 15% por barrica, durante un mínimo de tres años. El hormigón no aporta aroma de madera, así que dedicarle la mayor parte de la bodega en una región identificada con la barrica es una decisión de estilo.

Vinos de Château Mayne-Vieil



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